¿HASTA DÓNDE ES MARKETING Y HASTA DÓNDE DEVOCIÓN?


Hace algunas décadas, el concepto de deporte se asociaba bastante más a la forma física, a la competitividad y al equilibro entre cuerpo y mente que al espectáculo. De hecho, practicar deporte era una prioridad sobre la de consumirlo de las diferentes maneras que hoy se puede consumir. Claramente, el deporte hoy día es un producto de consumo, y como tal, las estrategias de marketing van estrechamente ligadas al mismo, para convertirlo en un negocio lo más lucrativo posible.

De modo que el deporte genera negocios apoyados en él mismo: el merchandising es uno de los más importantes, con líneas de ropa y complementos deportivos dedicadas a un club o a un deportista en concreto. Las ya consagradas sagas de videojuegos para todas las consolas son otro mercado que tiene sus más fieles seguidores: millones de personas de todas las edades esperan ansiosamente cada año a que salga la siguiente edición del PES o del FIFA, o del Gran Turismo, entre otros, y pagan lo que sea necesario para mantener su colección actualizada.

Otro negocio derivado del deporte que cada vez cobra más importancia y se gana más adeptos son los pronósticos deportivos online como los ofrecidos en Titanbet.es, que cada vez le comen más terreno a las apuestas locales como las porras y quinielas. Sea por la posibilidad de acceder a las cuotas más actualizadas, sea por la comodidad de hacerlo incluso desde el móvil, más del 50% de los seguidores de la actualidad deportiva han usado alguna vez estos servicios. Lo mismo sucede con los canales televisivos especializados, sean vía satélite o bien a través de internet; al ofrecer unos contenidos bastante personalizados, están compitiendo con las emisiones en los canales tradicionales.



Pero estos productos, ¿debemos considerarlos como herramientas de marketing? ¿o sencillamente cubren la demanda de un público muy interesado en tener lo último, lo mejor, la experiencia más completa? Si una marca patrocina los partidos de determinado equipo o jugador, evidentemente es marketing, pero otra cosa es ofrecer facilidades para que consumamos contenidos deportivos. Un videojuego, una casa de apuestas independiente, ponen a disposición de los aficionados diferentes maneras de relacionarse con sus deportistas favoritos, y el interés que demuestran por ellos y estos productos repercute de manera positiva en su visión global convirtiéndolos en fenómenos mediáticos, pero ¿quién hace marketing aquí? ¿no son los mismos consumidores quienes, con su actitud, generan un marketing indirecto?

De cualquier manera, internet y las redes sociales son el más poderoso caldo de cultivo en el que se promocionan eventos deportivos, clubes y demás. Twitter no se creó con la finalidad de publicitar gratuitamente a los deportistas, pero estos no necesitan generar contenidos ellos mismos: los hastags de los usuarios hacen todo el trabajo para que cualquiera pueda estar informado en cualquier momento. Por supuesto las redes sociales son empleadas por todo negocio para llegar al mayor número de consumidores posibles, pero muchos usuarios de a pie, sin ánimo de lucro, antiguos bloggers sobre todo, se convierten en verdaderos agentes de difusión de repeticiones en video, ofertas y descuentos para la asistencia a eventos y cualquier cosa que se nos pueda ocurrir que genere beneficios alrededor del deporte.

No debemos olvidar, sin embargo, que las redes sociales son un arma de doble filo y que de hecho, en más de una ocasión pueden llegar a perjudicar a los deportistas si han protagonizado situaciones antipopulares, como sucedió con la polémica patada de Valentino Rossi a Marc Márquez, o las recientes declaraciones de Manny Pacquiao en contra de los casamientos entre homosexuales, que han desencadenado incluso la rescisión del contrato de Nike para con el boxeador, sobre todo a consecuencia del impacto mediático de la noticia.

Tanto si son los usuarios los que hablan de los deportistas como si son ellos mismos los que utilizan canales como Instagram (uno de los favoritos de los profesionales del mundo del deporte), parece que la percepción del mensaje cala más en los aficionados si viene a través de las redes sociales que cuando es la prensa deportiva quien transmite las noticias, poniéndose en tela de juicio la objetividad de los medios (sobre todo los tradicionales) y su asociación ideológica con determinados partidos políticos. Sea o no cierta esta afinidad ideológica, la creencia en que es así ha dotado de mayor protagonismo a los usuarios más activos de las redes sociales a la hora de considerar una información real u objetiva. El usuario manda, el usuario promociona, el usuario condena. Y no hay mayor marketing que este.

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