adidas se topa otra vez con la maldición de sus embajadores
  • En la marca alemana ven como el ocaso comercial de Derrick Rose se repite, paso por paso, en Robert Griffin III, su mayor embajador dentro de la NFL

  • En ambos casos, las lesiones nada más firmar con adidas se repiten como patrón amenazador de dos de las mayores inversiones de la marca dentro del mundo del deporte

  • Por ahora, el mundo del fútbol es el único que escapa a lo que ya se conoce como la maldición de sus embajadores contra adidas




Estaba llamado a ser una de las grandes figuras del football en Norteamérica. Las grandes franquicias en su momento lucharon por conseguir sus servicios en el draft de la NFL 2012. Llegaba con la vitola de ser una de las grandes estrellas del football universitario. Y todo esto en perfecta armonía hacían una combinación, una mezcla, más que interesante para las firmas y marcas comerciales, que rápidamente comenzaron a llamar a la puerta de sus representantes para hacerse con sus servicios. La enormemente afortunada, al menos en aquél entonces, que logró hacerse con el "preciado premio" no fue otra que la multinacional alemana adidas, que a golpe de talonario consiguió el que sería una de sus principales puntas de lanza para su estrategia dentro de la NFL tras perder uno de los principales patrocinios de su cartera con la salida de Reebok de la sponsorización de la liga. Pero, una vez más, y apenas tres años después, adidas se topa de lleno con la maldición de sus embajadores.

Con Rose comenzó todo



Año 2012. adidas incorpora a su equipo de embajadores al que está llamado a ser la gran estrella que guíe la NBA en los próximos años. Un base hasta entonces casi desconocido llamado Derrick Rose, que ya despuntó la temporada anterior hasta el punto de ser elegido el MVP más joven que jamás haya recibido dicho galardón en la NBA. La oferta, irrechazable: un contrato de 180 millones de dólares por 13 años de duración, la mayor inversión jamás realizada hasta entonces por una marca en un jugador de baloncesto. Rose lo tenía todo: un talento deportivo enorme y un potencial para lo comercial de incalculable valor. En adidas se frotaban las manos ante el futuro que les deparaba el destino: nada parecía detener el ascenso. El límite para el jugador y la marca, el cielo.

Tres años después, la historia es bien conocida por todos. En la temporada siguiente, apenas unos meses después de estampar la firma con adidas, el base de los Bulls se lesiona de gravedad, una lesión que le ha tenido apartado de las pistas la mayor parte del tiempo en estos tres años y que han infravalorado la gigantesca inversión de adidas hasta límites nunca imaginados. En la marca ya son conscientes que la tasa de retorno que obtendrán por ese pacto con Rose será muy negativa para los intereses de la compañía. Comenzaba la maldición de los embajadores de adidas.

Se repite la historia



Ese mismo año 2012 adidas, en dura pugna con otras importantes firmas de ropa deportiva, logra hacerse con los servicios del que estaba llamado a ser la gran promesa del football en los Estados Unidos: Robert Griffin III, un jugador que había llamado la atención de todo el mundo en su etapa universitaria y al que todos daban como la gran estrella de la NFL en apenas unos años. En definitiva, en lenguaje comercial, muchos millones de dólares para la firma que lograra hacerse con sus servicios.

A esa enorme proyección deportiva se le sumaba un importantísimo don de Griffin para el apartado comercial, para la mercadotecnia, lo que le añadía aún más valor al acuerdo que lograra cerrarse con la firma deportiva en cuestión. adidas, nuevamente a golpe de talonario, logra hacerse con los servicios de un Griffin llamado, al igual que Rose en la NBA, a conquistar la NFL.


adidas se topa otra vez con la maldición de sus embajadores



Sin embargo, el camino recorrido es muy parecido al que el destino tomó con Derrick Rose. Apenas unos meses después de firmar con adidas y debutar en la NFL, Robert Griffin III sufre una dura lesión de rodilla que le tendrá apartado de los terrenos de juego un largo periodo de tiempo y, sobre todo, le coloca en la misma senda que ya estaba recorriendo con Rose en el apartado comercial.

Así, mientras Griffin trataba de recuperarse, adidas intentaba por todos los medios que la marca Griffin no se apagara comercialmente. Importantes campañas de activación mientras el quaterback de los Redskins estuvo lesionado (misma estrategia que siguió con Rose) sirvieron realmente de poco.

Dos gravísimas lesiones de rodilla que han acabado con sendas operaciones para tratar de reconstruírsela y una grave lesión que se tradujo en una no menos importante conmoción cerebral han acabado por figurar un escenario en el que Griffin, en apenas 3 años, apenas ha disputado la mitad de los encuentros con los Redskins.

Si ya de por sí es bastante desolador el panorama para adidas, el mismo se puede agravar en los próximos días. La franquicia de Washington ya se está planteando cortar a Griffin, al que podrían estar buscando una salida (posibilidad más que complicada) o, lo que sería aún peor para adidas, una condena al banquillo.

Los Redskins están entre la espada y la pared. En abril ejercieron la opción de quinto año en el contrato de Griffin III para retenerlo hasta la temporada 2016 a cambio de 16,2 millones de dólares, y con una claúsula en la que se comprometen a mantener la ficha aún cuando el jugador caiga nuevamente lesionado. Esta situación, que debe ser mantenida por la franquicia que estuviera interesada en contratarle, resta puntos a la opción de que Griffin abandone los Redskins, por lo que la amenaza del banquillo, quizás la peor solución para adidas, está cada vez más cercana.

Dos jugadores, dos deportes diferentes, mismo destino. adidas se topa, otra vez, con la maldición de sus embajadores.

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