Dragan Bender: Cuando el marketing deportivo se come al talento
  • El Mundial sub19 de baloncesto que se disputa estos días en Creta trae a la actualidad el enorme poder que las firmas comerciales y patrocinadores oficiales están adquiriendo dentro del mundo del deporte, dibujando con sus decisiones un futuro donde parece que primará mucho más sus intereses corporativos por encima incluso del propio desempeño deportivo. 

  • La decisión de adidas de impedir a la joven estrella croata Dragan Bender, llamado a ser la gran esperanza del baloncesto europeo en uno o dos años, participar en el Mundial por vestir Croacia a la firma Jordan, viene a demostrar como el Marketing Deportivo se come, cada vez más, al talento dentro del mundo del deporte




Imaginemos una hipotética situación: Final de la Champions League. El Real Madrid y el FC Barcelona disputan un esperado encuentro en el partido más importante de fútbol de la historia: la final de la Champions League. A ella acuden los dos clubes con sus mejores jugadores, con Cristiano Ronaldo y Leo Messi como principales estandartes por cada equipo. Pero, por muy paradójico que resulte, ninguno de los dos puede disputar la final. Y no por un motivo meramente deportivo traducido en forma de lesión o una posible sanción disciplinaria del jugador. No pueden jugar porque sus respectivas marcas personales, Nike en el caso del portugués y adidas en el caso del argentino, impiden a ambos que disputen el encuentro con camisetas patrocinadas por su gran rival: adidas en el caso del Real Madrid y Nike en el caso del FC Barcelona. La Final se disputa pero el encuentro queda protagonizado por la ausencia de dichos jugadores por este motivo. El resultado, al final, lo de menos. ¿Es éste el futuro que espera al mundo del deporte como consecuencia de la cada vez más influencia del marketing deportivo, de los patrocinadores, en el desempeño del mismo? Parece ser que sí. O al menos en esa dirección va encaminado el asunto, sobretodo tras conocer la peculiar situación vivida hace tan sólo unos días por el que está llamado a ser la gran promesa del basket europeo del futuro: el jugador croata de 17 años, Draban Bender, que no ha podido participar en el Mundial sub19 de Baloncesto por un conflicto entre las dos grandes firmas de ropa deportiva.

Una cita con el futuro



El buen aficionado al baloncesto sabrá que durante estos días se está disputando en Creta el Mundial de Baloncesto sub19, una cita obligada no sólo para los amantes de este deporte sino para ojeadores, representes y cazatalentos de los más grandes clubes del mundo, incluída la NBA, para ver la cita con los que serán los jugadores que dominarán el basket mundial en apenas unos años.

La cita, ampliamente promocionada desde hace semanas, constaba de una importante campaña de marketing tras de ella organizada por la FIBA con el objetivo de llamar la atención de firmas y marcas comerciales así como de cadenas de televisión para lograr "colocar" el producto a nivel mundial, un evento realmente atractivo para poder ser explotado comercialmente. Bajo este prisma, uno de los grandes pilares de esa promoción era el cartel anunciador, donde aparecían hasta cinco grandes promesas del baloncesto mundial, que ya están en las agendas de los ojeadores de la NBA. Entre ellas, resaltaba entre todas, la figura del croata Dragan Bender, el nuevo niño prodigio del baloncesto europeo que con sólo 17 años ya está llamado a ser uno de los grandes protagonistas del Draft de 2016 en la NBA.


Dragan Bender: Cuando el marketing deportivo se come al talento



La noticia saltaba, sin embargo, tan sólo unos pocos días antes del inicio de la competición. La Federación Croata de Baloncesto, en un comunicado, informaba que su gran estrella, Dragan Bender, no participaría en la cita. El motivo: no hay lesión ni sanción ni ningún otro elemento achacable de manera directa al desempeño deportivo del jugador. La verdadera razón es el conflicto de intereses existentes entre el patrocinador principal de la joven estrella croata, adidas, y el sponsor técnico actual de la Federación de Baloncesto de ese país, la marca Jordan, filial de la gran rival de los alemanes, Nike.

Así, por primera vez en la historia, una de las grandes estrellas del futuro del baloncesto se quedaba sin participar en una de las citas más importantes de este deporte, un Mundial de su categoría, por incompatibilidad entre las firmas que patrocinan a las partes. La lucha sin cuartel que dentro del terreno del marketing deportivo libran firmas como adidas, Nike o más recientemente Under Armour está habilitando a las mismas, a base de millones, a tener voz y voto en las decisiones deportivas de los jugadores y las federaciones a las que pertenecen sin que nadie pueda hacer nada al respecto.

adidas-Nike: una lucha sin cuartel



El baloncesto es uno de los deportes con más tirón comercial a nivel mundial. El mercado de las zapatillas de baloncesto es un atractivo sector donde Nike (en conveniencia con su filial Jordan) dominan ampliamente el mismo con más de un 90% de cuota de mercado pero donde firmas como adidas o Under Armour tratan de incordiar a la norteamericana con diferentes estrategias.

Hace tiempo que en adidas se dieron cuenta que luchar contra Nike en su propio terreno, en el baloncesto norteamericano, era una misión casi imposible. La marca acapara bien directamente ella o bien a través de su filial Jordan a las grandes estrellas de este deporte, lo que le capacita para no importarle invertir más de 300 millones de dólares en el último contrato con Kevin Durant a sabiendas de que en un par de años dicha inversión estará más que amortizada.

Contra esta realidad, adidas se fue dando cuenta de no poder hacer nada. Además, las leyes norteamericanas que impiden la vinculación de las grandes promesas del deporte en los Estados Unidos durante su etapa de aficionado con las grandes firmas de ropa deportiva impedían a adidas actuar a conveniencia en un mercado en el que quizás podría haber obtenido cierta rentabilidad sobretodo de cara al futuro: contar con esas promesas en su catálogo de embajadores antes de que dieran el salto al estrellato era una garantía de éxito comercial en el futuro.

Por tal motivo, adidas giró sus ojos hacia el mercado europeo, un espacio mucho menos restrictivo que el norteamericano en este sentido y comenzó a captar a los grandes talentos del futuro. El último, la estrella croata Dragan Bender, llamado por todo el mundo a ser uno de los baluartes de este baloncesto continental en apenas un par de años. Para ello, adidas puso encima de su mesa un contrato que ya quisieran para sí grandes estrellas del baloncesto europeo hoy ya consolidadas, cifrado en muchos millones de euros, pero que exigía cierta contraprestación a cambio. En definitiva, Bender, quizás sin saberlo, estaba vendiendo su alma al diablo.

El origen: Jordan y los Juegos de Barcelona 92



Cuando la Federación Croata citó, hace tan sólo unas semanas a Bender para el Mundial de Creta, no podía creer la respuesta que desde  sus representantes le hacían llegar: Bender no podía participar porque usaba zapatillas adidas y Croacia está patrocinada y obligada a vestir, zapatillas incluídas, ropa y calzado de la marca Jordan. Y a pesar de haber otros jugadores adidas en la concentración croata, a preguntas de Marketing Deportivo MD, fuentes cercanas han respondido que adidas es mucho más flexible con ellos pues no tienen el potencial de Bender. De hecho, Bender participó hace tan sólo un año en el Mundial Sub18 y adidas sí le permitió disputar el campeonato con zapatillas Jordan. ¿Cuál es el problema ahora entonces? Bender no tenía en aquel momento el potencial ni el renombre comercial que tiene ahora. De hecho, como decimos, está llamado a ser una de las grandes estrellas del Draft de 2016.

Para encontrar una explicación a este poder de las marcas, debemos remontarnos a los Juegos Olímpicos de Barcelona 2012. El Dream Team de los Estados Unidos maravilló al mundo con los Jordan y compañía. Pero a la hora de recoger las medallas, surgió una enorme controversia. Michael Jordan, embajador de Nike, recibía la llamada de la firma para que no subiera al podium con la chaqueta del chandal de los Estados Unidos, patrocinada entonces por Reebok. Desde la organización se hizo ver a Jordan y a otros embajadores de Nike que la única forma de subir al podium era con dicha chaqueta. En caso contrario, no subirían.

La imagen posterior quedó para la eternidad. Jordan y una serie de jugadores del Dream Team subieron a lo más alto del podium con una bandera estadounidense en el hombro. La imagen se asoció al patriotismo que esos deportistas mostraban por los Estados Unidos. Nada más lejos de la realidad. Nike y sus embajadores encontraron en dicho gesto la única solución para tapar el logo de Reebok y ocultarlo a las cámaras en dicho acto. Como diría Barkley después, tenía más de 2 millones de razones para actuar como actuaron él, Jordan y compañía. Hoy, aquella bandera al hombro ha traído como consecuencia que aficionados de todo el mundo se queden sin ver en el Mundial de su categoría al que está llamado a ser la nueva estrella del baloncesto europeo en un año o dos a lo sumo: Dragan Bender. Lo dicho, una final de Champions entre Real Madrid y FC Barcelona sin Ronaldo y Messi por decisión de Nike y adidas.


Participa y comenta esta noticia

 
Top