• Tag Heuer incorpora a Jeremy Lin a su equipo de embajadores dentro del mundo del deporte



Fue, hace tan sólo un par de años, uno de los fenómenos comerciales que muy probablemente toda universidad encargada del estudio de estos temas deba tener en su programa: tal fue la fuerza y el ascenso con el que apareció en escena un joven jugador de baloncesto en la NBA que pasó del banquillo de su equipo, después de viajar sin pena ni gloria por varias franquicias, a convertirse en un fenómeno de masas que incluso llegó a recibir su propio nombre: la Linsanity. Hoy, tan sólo dos años después, aquel fulgurante fenómeno todavía es capaz de generar importantes réditos para su protagonista.

La Linsanity, el mayor fenómeno comercial de la NBA en los últimos años



Muy probablemente si a cualquier estudioso del sector se le preguntara cuáles han sido los fenómenos que han protagonizado la industria del marketing deportivo dentro de la NBA en los últimos años, todos (o un porcentaje elevadísimo al menos) incluiría entre los tres primeros uno que llegó a eclipsar al resto: la Linsanity.

La historia de Cenicienta vivida por un joven jugador de origen asiático de nombre Jeremy Lin que pasó de dormir en el sofá de un piso a convertirse en una de las estrellas de los New York Nicks y una de las referencias de la NBA durante meses a nivel comercial en todo el mundo, dio un incluso para hacer una película. Y mientras los especialistas deportivos se afanaban en defender que todo era producto de la industria de esa industria del marketing en la NBA, tan necesitada de un fenómeno como el que nos ocupa, para muchos fue la confirmación de cómo un jugador puede alcanzar el estrellato por esta vía.

Auge y descenso



Sus actuaciones sobre la cancha y su mediaticidad provocaron que todo el mundo se beneficiaria del fenómeno: la NBA porque había encontrado la que parecía ser una fuente de maná a todas luces inesperada que le estaba reportando millones de dólares en forma de nuevos patrocinios con empresas, sobretodo asiáticas, que se incorporaban a su portfolio de patrocinadores. La franquicia, los Knicks, por idéntico motivo, con compañías dispuestas a poner encima de la mesa ingentes sumas de dinero por aparecer en la publicidad del Madison y el jugador porque pasó de dormir en un sofá a tener una nómina con muchos millones en su cuenta. Tal es así que hasta la propia franquicia que lo traspasara a los Knicks, los Rockets, fuera la que más interés pusiera en reclamarlo para, a golpe de talonario, volviera a formar parte de su plantilla.

Tan sólo una temporada después se comprobó como el nivel baloncestístico del jugador no pasaba de ser más del augurado por los más críticos del fenómeno cuando éste estaba en el momento más álgido y la Linsanity fue disolviéndose poco a poco como un azucarillo en el agua. Más sin embargo, los posos  que dejó la misma han seguido reportando importantes beneficios al jugador, que de nuevo fue traspasado por una suma millonaria a los Lakers, su actual franquicia, y donde las marcas comerciales, de nuevo sobretodo asiáticas o con importantes intereses en ese mercado, continúan llamando a su puerta para asociarse con el jugador.

Tag Hauer se asocia con la Linsanity



Uno de los ejemplos más claros de esto es el penúltimo acuerdo personal alcanzado por el jugador, un contrato de patrocinio con la prestigiosa firma de relojes Tag Heuer que lo tendrá como principal embajador  en su portfolio y para el que se habla la compañía ha tenido que desembolsar una cifra muy cercana a la que en su momento tuvo que pagar, hace tan sólo unos meses, por incorporar a otra estrella del deporte, esta vez en el mundo del fútbol: Cristiano Ronaldo.

El norteamericano de origen asiático se incorpora así a una extensa y exclusiva lista de patrocinadores dentro del mundo del deporte que presenta Tag Heuer en la que están figuras como el propio Cristiano Ronaldo, María Sharapova, Kei Nishikori o Jenson Button.


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