• El descenso en el rendimiento deportivo de La Roja va íntimamente asociado a la caída en el caché de la Federación a nivel comercial



La Selección Española de Fútbol es un claro ejemplo de cómo, en el mundo del deporte, el rendimiento deportivo va íntimamente asociado al éxito comercial (en la mayoría de los casos), un éxito capaz de atraer a un importante número de patrocinadores a su alrededor y capaz de potenciar el valor de una marca de manera exponencial. La Roja, después de vivir su etapa más gloriosa en toda su historia, comienza a vivir en sus propias carnes cómo la época dorada del fútbol español pasó también a nivel comercial a la espera de nuevas oportunidades.

Sin éxito deportivo no hay éxito comercial



Tener en sus filas a los mejores jugadores del mundo, los que más focos de atención atraen para sí y los más mediáticos no es garantía suficiente como para consolidar el valor comercial de una marca en un sector tan sumamente competitivo y tan cambiante como es el del marketing deportivo.

El valor de una marca dentro del mismo va íntimamente asociado al valor de los éxitos deportivos que la misma es capaz de conseguir. Y por más que sus integrantes sean portada de medios de comunicación deportivos o sean tendencia en las redes sociales, si no tienen como compañero de viaje el éxito deportivo de la entidad de la que forman parte, de poco o nada repercutirá su imagen sobre la de la entidad.

La Roja pierde caché



La Selección Española de Fútbol es un claro ejemplo de lo que exponemos. Atrás quedaron los años dorados del fútbol español a nivel de selección, aquellos donde maravilló en apenas 4 años al mundo entero con el fútbol desplegado sobre el terreno de juego que se tradujo en un dominio mundial total y absoluto que le llevo a conquistar, de manera consecutiva, Copa de Europa - Mundial - Copa de Europa, una secuencia por ninguna otra selección nacional realizada hasta el momento.

Este éxito en lo deportivo, conseguido por jugadores cuya fama e imagen eran conocidas a nivel mundial, se tradujo rápidamente en un importante retorno para la Federación Española de Fútbol, que comenzó a ver como marcas y firmas comerciales hacían cola a la puerta de la Federación para incorporarse al portfolio de patrocinadores de la entidad a nivel mundial. El punto álgido de lo que hablamos fue el caché que a partir de entonces comenzó a cobrar la Selección Española de Fútbol por asistir a amistosos, peticiones que llegaban a la Federación de todas las partes del planeta: hasta dos millones de euros.

Sin embargo, aquella situación, como decimos, pasó. La pérdida de rendimiento deportivo de España, traducida en una rápida eliminación en el último Mundial de Brasil 2014, ha provocado los mismos efectos en el valor de marca de la Federación pero en sentido inverso. De esos dos millones de euros se ha pasado a trabajar en los despachos de manera muy importante para lograr al menos, y en el mejor de los casos, un millón de euros por amistoso disputado.

Tras su papel en Brasil, los patrocinadores tampoco llaman a las puertas de la Federación sino más bien todo lo contrario. Firmas como Cepsa, Banesto, Nissan o Gillete han decidido cambiar de estrategia comercial y abandonar el patrocinio de La Roja a la espera de la vuelta del rendimiento deportivo que una vez logró poner sobre el campo. Tan sólo los incondicionales, como Seguros Pelayo, adidas, Iberdrola o Movistar, siguen al lado de una Selección que lucha por encontrar el rumbo perdido.

España es uno de los ejemplos más plausibles y más prácticos para el estudio, en una marca, de la influencia en su valor comercial del rendimiento deportivo.

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