• El triunfo de Ferrari alberga esperanzas a la FIA de una mayor igualdad y por lo tanto un mayor interés en la temporada presente en la Fórmula 1, algo básico para la vuelta de los patrocinadores a la competición



Cuando nadie lo esperaba, cuando todo el mundo pensaba que el Gran Premio de Malasia volvería a convertirse en un monólogo en solitario, una vez más, entre los dos monoplazas de la escudería Mercedes, una serie de acontecimientos inesperados, una mala estrategia de Mercedes y un coche se seguridad justo en el momento idóneo, dieron alas a una de las escuderías más míticas dentro de la competición para que su nuevo piloto, el cuatro veces campeón del mundo Sebastian Vettel, lograra hacerse con una importantísima victoria no sólo para la escudería italiana. También para la buena salud de la competición.

Ferrari da aire a la Fórmula 1



El triunfo en el Gran Premio de Malasia celebrado en el día de ayer de la escudería Ferrari supuso un importante motivo de alegría y no exclusivamente para los principales protagonista: Sebastian Vettel y la propia Ferrari. La propia FIA recibió un importante soplo de aire fresco que le permitía respirar nuevamente con la victoria del cavallino rampante. Y no es para menos.

En la FIA andan seriamente preocupados, aunque pueda parecer lo contrario. La situación que se está viviendo en los últimos años en lo que a nivel competitivo se refiere es un verdadero problema para la organización, consciente de que la misma no supone más que un lastre a la hora de comercializar su producto. El hecho de que una escudería convierta la temporada en un auténtico paseo para la misma deja a la competición sin más aliciente que el conocer cuál de los dos monoplazas de dicha escudería se llevará finalmente la victoria, algo que no es bueno para la venta de la F1 a nivel comercial. Y en la FIA lo saben.

Desbandada de los sponsors



Hace tan sólo quince días daba comienzo una nueva temporada dentro de la F1 y en la FIA cruzcaban los dedos. El sólo pensar que la misma se podía convertir, una vez más, en un monólogo de una escudería relegaba el interés de la competición como decíamos a conocer, de manera casi exclusiva, quién de los dos pilotos oficiales de la misma ocuparían los puestos 1 y 2 tanto en las tandas de clasificación como en la carrera, una situación que no era para nada nueva.

Los últimos cinco años han sido especialmente dañinos para la competición. Y en la organización lo saben. El dominio insultante que impuso Red Bull durante cuatro años (en los que sus pilotos incluso no llegaban a disputar la Q3 más allá de un sólo intento conscientes de su superioridad) se vio agravado cuando hace tan sólo uno la escudería Mercedes cogió el relevo. Ahora las alas no las llevaban los monoplazas de la bebida energética sino que correspondían a los coches de los alemanes, con el mismo insultante dominio que tanto mal ha hecho a la competición.

Paralelamente a este dominio, el producto se iba depreciando cada vez más y con ello, la FIA comprobó cómo el interés de los patrocinadores por incorporarse a las escuderías iba en retirada. Los motivos estaban claro: desde hace cinco años la Fórmula 1 se había convertido en una competición donde una escudería se disputaba la posición de sus monoplazas al final de la temporada, consciente de su sobrada superioridad. Ello se traducía en una importante pérdida de interés por parte del aficionado, cuya muestra más palpable quedaba manifestada en la continua pérdida de audiencia en las televisiones de todo el mundo de la Fórmula 1. Y si la audiencia caía, el interés de los patrocinadores por desembolsar ingentes sumas de dinero sobre la competición, también disminuiría.

Así, hemos asistido (estamos asistiendo de hecho) a una desbandada generalizada de patrocinadores que han llevado a las escuderías a tener importantes problemas para dar viabilidad a sus proyectos, a monoplazas sin apenas publicidad en muchas de ellas y a circuitos que se retiran de la competición ante la falta de apoyos procedentes de la iniciativa privada que ven en la competición un producto cada vez menos rentable a la hora de invertir en él.

El triunfo en el día de ayer de Ferrari se ve en la propia FIA como un halo de esperanza al que agarrarse para confiar en que el nivel competitivo de la Fórmula 1 vuelva al de años pasados, donde la igualdad era casi la nota predominante entre las escuderías. De ello dependerá que el interés por la competición no siga cayendo, y no sólo entre los aficionados, sino también entre los patrocinadores.

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