• El esperpento vivido con la designación de la sede de la Final de la Copa del Rey de Fútbol en España es un ejemplo más del maltrato de la propia Federación a un producto con un potencial comercial enorme pero que agoniza ante la pasividad del organismo



¿Alguien es capaz de imaginar que en el pasado Mundial de Brasil, Alemania y Argentina se hubieran tenido que sentar a negociar donde se disputaría la Final, en qué ciudad, tan sólo unos días antes de hacerlo? ¿O acaso alguien se imagina que la sede de la Final de la Champions League se decidiera justo una vez que se conozcan los contendientes que la disputarán y previa negociación con los clubes implicados? Aunque pueda parecer imposible, en España esta situación sí que es factible, llegando incluso a escenas tan esperpénticas como las vividas hace tan sólo unas horas por la Real Federación Española de Fútbol y los dos clubes que disputarán la Final de la Copa del Rey en este 2015, FC Barcelona y Athletic de Bilbao, que una situación surrealista han decidido cuál será la sede de la Copa del Rey de la edición 2015.

Golpe mortal a la Copa del Rey, un producto cada vez peor gestionado



La Copa del Rey ha vivido un nuevo capítulo de su lenta y dolorosa agonía. Un producto con potencial suficiente para convertirse en uno de los mayores reclamos del fútbol español, ha recibido el que puede ser uno de los últimos golpes mortales a la espera de que se certifique su fallecimiento como tal. El hecho de que una competición como la Copa del Rey viva situaciones tan surrealistas como que no se conozca la sede hasta casi 8 meses después de echar andar, y siempre y sólo una vez que se conozcan los contendientes de la misma, viene a poner a las claras el enorme cuidado que la Real Federación Española de Fútbol dispensa a una competición que cada vez es menos atractiva para todos: clubes, aficionados y patrocinadores.

El problema de la Copa no es uno exclusivamente sino el compendio de una serie de sinrazones por parte de los responsables gestores de la misma, centralizados principalmente en la figura de la Real Federación Española de Fútbol, que tienen como resultado final un síntoma claro: la Copa del Rey es un producto mal explotado en manos de unos pésimos gestores, con un sistema de competición que sólo hace atractivo las rondas finales de la misma; con una marca incapaz de resistir las afrentas procedentes de la propia Federación y con unos patrocinadores que cada vez son más reticentes a aportar ingentes sumas de dinero a una competición que agoniza. ¿Qué debe cambiar en la Copa del Rey para convertirla en aquello que, por su potencial, se presume debería ser? Analizamos cuatro amenazas que hacen agonizar a la Copa del Rey:

1.- Sistema de competición



El primero de los males que ataca al directamente al sistema nervioso central de la Copa del Rey. Un modelo donde se favorece hasta el extremo los intereses de los clubes grandes frente a los más modestos al jugarse a doble partido desde sus primeras rondas y, casi siempre, el encuentro de vuelta en el campo del equipo de superior categoría convierten a este hecho en uno de los primeros golpes mortales a la competición. Con independencia de primar intereses de unos u otros, lo que es cierto objetivamente hablando es que el actual modelo configura rondas anodinas hasta las fases finales de la competición, incluídas en muchos casos los cuartos de final, lo que provoca una imagen paupérrima en los estadios con gradas casi vacías que asolan la marca de la competición.

2.- Asistencias a los estadios



Derivado de lo anterior. Con dicho modelo, como decíamos, tenemos otro foco de infección abierto: la asistencia a los estadios. Ni siquiera el hecho de que clubes como el Real Madrid o el FC Barcelona visiten estadios de clubes de inferior categoría es aliciente suficiente para los aficionados de dichos equipos conocedores que las posibilidades de que su equipo dé la sorpresa con un partido de vuelta en el recinto de los dos colosos del fútbol español es mínima. Si el análisis lo hacemos desde el punto de vista de esos dos grandes, en el partido de vuelta probablemente la taquilla no dé ni tan siquiera para cubrir los gastos de organización del encuentro como equipo local. Retransmitir encuentros donde lo más llamativo es la ausencia de público en las gradas es otro importante ataque a la marca de la Copa.

3.- La televisión



Derivado de lo anterior. Si la propia Copa del Rey no es aliciente para los clubes que participan en ella, tampoco lo es para los aficionados para ir al campo y, por ende, tampoco es ni atractiva ni rentable para la televisión, que poco a poco irá minorando sus aportaciones por una competición que languidece. Televisión por otro lado que es igualmente culpable de la poca afluencia al campo debido al propio sistema: ¿alguien va a ir al campo a ver a un encuentro de Copa entre dos equipos de la parte baja de la clasificación de Primera División en pleno Diciembre pudiéndolo ver por televisión? Una vez más, todo está relacionado: como el sistema es poco atractivo, el club apenas lo promociona y la afición apenas va al campo, por lo que el interés de las televisiones por retransmitir un encuentro sin apenas espectadores es prácticamente nulo. Consecuencia: contratos televisivos cada vez menos rentables para las operadoras.

4.- La protección del producto por parte de la Federación


¿Cómo rentabilizar una competición cuyo producto no es protegido ni por la propia Federación? Basta con hacer una simple prueba de la promoción que realiza el organismo de su propio producto: si en el mayor buscador de la red escribimos "Copa del Rey", el primer resultado que aparece, que no lo hace en primer lugar, se encuentra en una sección de la propia Federación cuyo diseño y atractivo deja mucho que desear. Su explotación comercial queda reducida a la mínima expresión, en la mayoría de los casos fomentada por la propia inercia del producto y la protección del mismo ante estas amenazas que narramos es prácticamente ínfima. El último episodio de desprecio hacia la Copa ha sido el esperpento de la designación de la sede de la Final de la Copa del Rey, propiciado por la propia Federación.

La Copa del Rey de fútbol languidece. Al contrario que la competición de baloncesto, que gana atractivo a cada año que pasa, la Federación no parece saber ni querer promocionar y proteger un producto de un potencial capaz de generar un rendimiento en todo caso muy superior al que en la actualidad produce.


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