Derrick Rose, lesionado sobre la pista
  • Una nueva lesión del base de los Bulls hace a adidas arrojar definitivamente la toalla

  • En la marca ya consideran la apuesta por Rose como la peor inversión de toda su historia jamás realizada en un jugador



El pasado fin de semana el universo de estrellas que conforman la NBA acogió con estremecimiento una noticia: el base de los Chicago Bulls, Derrick Rose, volvía a lesionarse de gravedad en su rodilla y deberá pasar nuevamente por quirófano, lo que supondrá la retirada del jugador de las pistas de juego en lo que resta de campaña, un duro golpe para los aficionados, para los Bulls, pero sobretodo, para la multinacional alemana adidas.

El límite, el cielo



Año 2012. La multinacional alemana adidas incorpora a su equipo de embajadores al que está llamado a ser la gran estrella que guíe la NBA en los próximos años. Un base hasta entonces casi desconocido llamado Derrick Rose, que ya despuntó la temporada anterior hasta el punto de ser elegido el MVP más joven que jamás haya recibido dicho galardón en la NBA.

La marca alemana, impaciente por recortar terreno dentro del mercado a Nike, pone sobre la mesa de los representantes del jugador una oferta irrechazable: un contrato de 180 millones de dólares por 13 años de duración, la mayor inversión jamás realizada por una marca en un jugador de baloncesto. Derrick Rose lo tenía todo: un talento deportivo enorme y un potencial para lo comercial de incalculable valor. En adidas se frotaban las manos ante el futuro que les deparaba el destino: nada parecía detener el ascenso. El límite para el jugador y la marca, el cielo. Todo parecía barato, nadie hablaba de la gigantesca inversión realizada. ¿Nadie?

Dudas en el seno de adidas



Pero mientras todo el mundo hablaba de la inversión realizada por adidas, en lo que parecía una exhibición de músculo económico de la firma hacía sus rivales, en el seno de la propia marca comenzaron a nacer las primeras dudas (críticas más bien) hacia el acuerdo: se estaba hipotecando prácticamente el futuro de adidas dentro del mundo del baloncesto confiándolo todo a una prometedora promesa cuyo destino nadie sabía qué podría deparar. Sobre la mesa aparecían variables acerca del futuro del jugador que hacían plantearse dudas, sobretodo centradas en su rendimiento cuando la mayor amenaza ni tan siquiera era contemplada: las lesiones.

Apenas recién inaugurada la relación, adidas sufrió en primera persona el inicio de lo que puede considerarse como una verdadera maldición: en pleno playoff, cuando todo el mundo consideraba a Rose el faro guía de los Bulls, el base caía gravemente lesionado, una lesión que le tendría apartado de los terrenos de juego por un tiempo y que comenzaría  a sembrar de dudas a la entidad.

Mantener viva la marca Rose



El golpe fue duro pero adidas no vaciló ni un sólo instante. Era consciente que había mucho en juego y puso en marcha toda su maquinaria de marketing para mantener viva la marca Rose mientras el jugador estuviera fuera de las canchas de baloncesto. Y la iniciativa funcionó... pero tan sólo al principio. La serie de spots bajo la campaña "Derrick Rose, The Return", donde se iba narrando el día a día del jugador durante su recuperación surtió efecto. El objetivo último de la misma, que los aficionados no se olvidaran del jugador, se consiguió, y durante el año 2012 y 2013 los resultados de ventas de las zapatillas de Rose fueron buenos: más de 20 millones de dólares en 2012 y cerca de 30 en 2013.

Sin embargo, había algo que no iba bien. Frente al esfuerzo de adidas por mantener viva esa marca Rose, el jugador dinamitaba todas las estrategias de la firma con declaraciones en las que ponía en serias dudas su retorno. Las cosas empezaron, simplemente,  "a no ir". En adidas agotaban sus estrategias con el jugador ante el lastre que suponía el cada vez más lejano retorno y la paciencia se agotaba. Para colmo, Nike presentaba unas cifras demoledoras: sólo con dos de sus embajadores, LeBron James (300 millones de dólares en ventas) y Kevin Durant (175 millones de dólares) casi multiplicaban por 10 las ventas conseguidas por Rose.

Tercera recaída



La temporada pasada se hizo dura. Rose dudaba en volver a las canchas mientras que en el sector comenzaba a conocerse al jugador como porcelana Rose, un sobrenombre que de manera indirecta estaba haciendo un daño incalculable a la marca adidas. El miedo, esta vez mental, a una nueva recaída era algo contra lo que tenía que luchar el jugador... y adidas. Pero finalmente Rose volvió. Y poco a poco volvió a ser un jugador importante en su equipo.

Sin llegar a ser todavía la estrella que deslumbró en el inicio de su carrera, Rose comenzaba a ser Rose. Y en adidas lo festejaban. Hasta el pasado fin de semana. Otra recaída que le obligará a pasar nuevamente por el quirófano y que lo tendrá fuera de juego lo que resta de temporada ha acabado por derrotar a adidas. En la marca arrojan la toalla. Todo es salvable menos el destino. La maldición había vuelto. Ahora sí, Derrick Rose ha pasado de ser la mayor inversión jamás realizada por una marca en un jugador de baloncesto a convertirse en uno de los mayores fracasos empresariales nunca realizados por una firma de ropa deportiva.

adidas, mientras, confía (ya hace tiempo) su presencia en el mundo de la canasta a nuevas promesas (Damian Lillard, Andrew Wiggins, ...), con el cuidado de no volver a sufrir otra vez la que comienza a conocerse como la "maldición de Derrick Rose".


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