• Hace tan sólo unos días se ha conocido que los ingresos publicitarios del brasileño Neymar han ascendido hasta los 14 millones de euros en el último año

  • La cifra supone un incremento de casi 5 millones de euros en ese periodo, justamente coincidiendo con su llegada al FC Barcelona

  • Se abre así nuevamente el debate acerca de la influencia que ejerce sobre la marca de un jugador el pertenecer a una entidad como el FC Barcelona o el Real Madrid



Son jóvenes, multimillonarios y con una imagen de marca tan influyente que las firmas comerciales no dudan en desembolsar ingentes sumas de dinero por tener a su lado a las grandes figuras del mundo del fútbol en la actualidad. Pero, ¿qué parte de culpa hay de ello, de esa fama, de esa gigantesca marca comercial en la que se convierten, en los clubes en los que militan?

El eterno debate ¿qué fue primero, la gallina o el huevo?



Pocos hoy en día ponen en duda la enorme repercusión y notoriedad mediática que tienen los grandes jugadores que militan en los grandes clubes de fútbol de todo el mundo: Cristiano Ronaldo, Leo Messi, Luis Suárez, Diego Costa, Ángel Di María y un largo etcétera cuyos nombres están muy probablemente en la mente de todos, jugadores que a su excelsa calidad futbolística se les une una no menos capacidad comercial con una imagen lo suficientemente atractiva para las firmas que tratan de sacar rédito a esta popularidad uniendo su marca con la de estas estrellas.

Ello supone un enorme valor añadido a la marca del jugador que entra en una especie de bucle que se retroalimenta: cuanto más popular es más marcas atrae y cuanto más marcas atrae, más popular es. Pero ¿qué culpa de todo esto tiene el club en el que milita? La cuestión no es sencilla y es uno de los grandes caballos de batalla que los representantes de los jugadores ponen encima de la mesa de los dirigentes de los clubes a la hora de renovar sus contratos. Sin embargo, desde la aparición sobretodo de la figura de Florentino Pérez y su gestión de los derechos de imagen de los futbolísticas, estas estrellas se han encontrado con la réplica justa de los clubes de fútbol: su marca, la de estos deportistas, es la que es, en gran parte, por la marca de la entidad en la que militan. ¿Qué hay de cierto en ello?

La visión de Florentino Pérez



Muy probablemente todo el mundo coincida en que existe un antes y un después en el fútbol actual con la aparición del presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. El actual dignatario madridista fue uno de los primeros dirigentes en darse cuenta del enorme potencial que encerraban los jugadores desde el punto de vista comercial, un potencial debido en gran parte, según la visión de Pérez, a la fuerza de la marca de la entidad en la que militaban.

Así, era más que evidente desde ese punto de vista que los jugadores son lo que son, mediáticamente hablando, gracias a la grandeza de los clubes en los que militan, en una simbiósis perfecta que se alimenta de manera mutua. Tan claro lo veía el presidente madridista que introdujo en los contratos con sus grandes estrellas una gestión compartida de los derechos de imagen del futbolista toda vez que entendía que gran parte de esa importancia mediática del jugador le provenía por estar militando en el Real Madrid (o cualquier otra entidad de su calado), un altavoz suficientemente importante como para impulsar la marca de cualquier futbolista.

Bale, Neymar o James



Ejemplos para defender a los partidarios de esa postura de Florentino Pérez no son difíciles de encontrar. Los últimos ejemplos, los grandes cracks de FC Barcelona y Real Madrid. El fichaje del galés del Real Madrid hace tan sólo una temporada multiplicó de forma exponencial el potencial mediático del jugador y su relación con las marcas, que motivó que adidas por ejemplo le incrementara sustancialmente su contrato nada más llegar al conjunto blanco.

Más recientemente está el caso de James Rodríguez, internacional colombiano del Real Madrid, que ya era una importante figura a nivel nacional en Colombia pero que con su traslado al club madridista su repercusión se ha extendido a todo el mundo, convirtiéndose en una marca muy atractiva para las firmas comerciales.

En su gran rival, el FC Barcelona, también encontramos claros ejemplos. El último, el del brasileño Neymar, cuyos ingresos anuales procedentes de la publicidad se han alzado hasta los 14 millones de euros en el último año, algo más o menos previsible dada la repercusión mediática del jugador. Lo que poca gente conoce es que esa cifra supera los algo más de 10 millones que obtenía hace tan sólo un año, es decir, antes de incorporarse al FC Barcelona. En el apartado de entrenadores, la situación es parecida. Hace algunos años, con Mourinho y Guardiola en los banquillos de Real Madrid y FC Barcelona, la imagen de marca de ambos técnicos se disparó exponencialmente a nivel mundial, una repercusión que, sin embargo, ha ido decreciendo con la salida de ambos de cada uno de los banquillos anteriormente citados.

El Real Madrid y el FC Barcelona son dos enormes escaparates a nivel mundial, dos altavoces en los que se multiplica por mil la repercusión que a nivel mediático pueden alcanzar las marcas de los futbolistas que integran sus plantillas. Y eso en las entidades lo sabe. Sobretodo en el club blanco, que exige a sus jugadores la cesión de una parte de sus ingresos comerciales por derechos de imagen, quizás a modo de compensación por esa enorme exposición que estar en el Madrid o el Barcelona le da a los futbolistas. En el Barcelona ya han comenzado a darse cuenta de ello. Y aunque las grandes estrellas azulgranas tienen la mayoría en su poder la mayor parte de sus derechos de imagen, poco a poco el club blaugrana va adoptando fórmulas en este sentido muy similares a las puestsas en práctica por el Real Madrid. Aunque para muchos, siempre quedará la eterna noticia al respecto ¿qué fue primero, la gallina o el huevo?



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